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La Coctelera

Caballeros de Guadalupe

30 Diciembre 2005

Requejo, encuentro con Nuestra Señora de Guadalupe

Antonio Ramiro Chico

Por segundo año consecutivo, la Real Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe, conjuntamente con la Asociación de Damas y la Parroquia de Guadalupe, han organizado el encuentro-peregrinación con otros lugares en los que se veneran y festejan a Nuestra Señora de Guadalupe.
Este año, el lugar elegido, ha sido las tierras sanabresas de Zamora, al pie de los montes de La Sierra de Parada, de la que desciende el río Requejo, que da nombre al pueblo que, en 1773 acogió de las manos de fray José de Santiago, monje jerónimo de Guadalupe y natural de Rianxo, una imagen de la Madre de Dios, labrada con su propio fervor y corazón, a la que los castellanos sabedores de sus muchos prodigios y fervores, inmediatamente levantaron en el centro de su propio pueblo una ermita pétrea, de buena fábrica, en la que cada 2 de julio de cada año, celebran desde entonces, como Patrona principal.
Cumpliendo así con la invitación hecha por la Asociación Cultural Virgen de Guadalupe y la Corporación Municipal de Requejo, cincuenta Caballeros y Damas, acompañados de nuestro párroco, fray José Arenas Sabán, partían de la plaza mayor, el día 1 de julio a las 5’30 de la mañana, con el corazón henchido y deseosos de encontrarse con otros guadalupenses de adopción. Los primeros rayos del alba parecían querer despuntar sobre las enhiestas torres del santuario, al mismo tiempo que un áurea blanquecina ascendía incandescente cuando nuestra voces, nada más iniciar nuestra peregrinación saludaron y pidieron la protección de nuestra Madre, Santa María de Guadalupe.
La primera parada organizada de nuestro recorrido se nos avistaba tras coronar el puerto de Bejar y adentrarnos en tierras salmantinas, cuyo estío y altas temperaturas denotaban la sequía generalizada que este año sacude a toda la península. Sólo las vegas del Torme mostraban su tradicional verdor, mientras las agujas de las catedrales salmantinas anunciaban el alo de cultura que respira cada piedra granítica que hacen de esta ciudad “una de las cuatro lumbreras del mundo”. Tras adentrarse el autobús por la sempiternas y limpias calles de la ciudad, viejos recuerdos y amistades se agolpaban en la mente, los soportales de la plaza mayor fueron de nuevo lugar de encuentro, con familiares y amigos. Una agradable e ilustrada guía, nos dio los buenos días en la misma plaza y comenzó a explicarnos detalladamente el cúmulo de arte e historia que alberga la ciudad, y sabedora de nuestro origen, citaba de vez en cuando, los lazos culturales que nos unían: los hermanos Churriguera, Alejandro Carnicero, el Colegio de Gramática de Santa María de Guadalupe, que ostentó la Orden Jerónima durante varios siglos en la ciudad, o alguna que otra reja cincelada por los mismos rejeros que levantaron la imponente verja de nuestra basílica.
Con cierta tristeza y melancolía, hacia las doce y media, clavamos nuestra última mirada en la Torre del Gallo o cimborrio de la catedral vieja, no sin antes como es obligación, tomamos algunas que otra tapa, en las tascas de la plaza, con el fin de proseguir nuestra peregrinación.
A través de Ledesma y Bermillo de Sayago fuimos buscando el Cañón de Duero, cuyas aguas han cincelado la frontera natural entre los dos pueblos ibéricos. Al otro lado de la frontera, se alza majestuosamente la ciudad portuguesa de Miranda del Douro, que nos brindó en el almuerzo uno de los platos más típicos de la gastronomía portuguesa: Bacalado dorado, regado con buen vino de la tierra. Por la tarde, nos esperaba un hermoso paseo fluvial por las aguas internacionales de Duero, uno de los parques naturales más bellos de la orografía ibérica, en el que flora y fauna luchan por sobrevivir ante la erosión que el curso del agua ha provocado durante millones de años.

Después de degustar una cata de vino de oporto, el autobús puso rumbo a Zamora, ciudad fortificada y amurallada, que los romanos bautizaron con el nombre “Ocellum Duri”, es decir, Ojuelo del Duero, y que posteriormente los árabes llamaron “Azemur” u Olivar silvestre, en la que pernoctamos dos noches y nos encontramos con viejos amigos, Mercedes y su hijo Javier, o con nuestro paisano Gregorio Moreno Moreno, jefe de cocina del Parador de Zamora, quien nos mostró una ciudad distinta en la noche zamorana.
El día 2 de julio, Fiesta Mayor de la Virgen de Guadalupe de Requejo, partimos temprano para celebrar conjuntamente con los sanabreses y los rianxeiros las fiestas de nuestra Patrona.
Después de doscientos treinta y dos años, nuevos guadalupenses llegaban a Requejo, también en esta ocasión con una imagen de Nuestra Señora entre sus brazos. A medida que la peregrinación se acercaba a su destino, la orografía cada vez nos recordaba más a nuestras Villuercas y Altamiras, con frondosos y profundos valles, esmaltados de castaños, robles y madroñas. De inmediato avistamos este pequeño y bello pueblo sanabres, de apenas 200 habitantes. El autobús nos dejó frente a la casa consistorial, donde su alcalde, Santiago Cerviño y demás autoridades nos recibieron calurosamente y nos dieron la bienvenida en la misma Plaza de Guadalupe, minutos después los saludos abrazos se extendieron a la expedición gallega.
Todos juntos en honor de Santa María de Guadalupe, nos dirigimos, a las doce del mediodía al templo de San Lorenzo, tal como estaba previsto para celebrar la Fiesta de la Patrona, que sobre hermosas andas, colmadas de flores, lucía artístico manto y rostro sereno y moreno, fiel retrato de la primitiva imagen.
Antes de comenzar la Eucaristía, Santiago Cerviño, alcalde de Requejo, agradeció en nombre de todos los sanabreses, la presencia de gallegos y cacereños, y manifestó que para ellos este encuentro suponía el mejor trono que podemos ofrecer hoy a Nuestra Patrona, que es también la vuestra.
La Eucaristía estuvo presidida por fray José Rodríguez, sacerdote natural de Requejo y fue concelebrada por el párroco de Guadalupe, fray José Arenas y el de Requejo, Samuel Pérez. En la homilía fray José Rodríguez destacó el papel de María en el mensaje de Jesús y recalcó la importancia de la Virgen de Guadalupe en el mundo, cuyo nombre ha unido a tanta gente: Rianxo, Requejo, Guadalupe y seguramente, habrá en el futuro nuevos encuentros, siempre en torno a María, la Madre de Dios.
El grupo Santarem de Zamora entonó una misa castellana a Nuestra Señora, que sirvió de contrapunto al folklore gallego, que desde el exterior del templo participó también con sus gaitas en la celebración litúrgica, tanto unos como otros enriquecieron el culto, especialmente en el ofertorio, cuando dos damas del grupo Santarem, vestidas con su traje típico, bailaron una antigua danza castellana en la nave central, a los pies de la Virgen de Guadalupe. Igualmente mostraron su habilidad con un buen repertorio de instrumentos, principalmente de corte medieval, como los de cuerda y el mortero, cuyo eco traspasaba las bóvedas del templo.
Terminada la Eucaristía, las banderas de la Real Asociación de Caballeros y de la Asociación de Damas, portadas por sus respectivas abanderados, abrieron el cortejo procesional. A continuación, las portadoras cogieron a Nuestra Señora, que al salir del templo fue recibida por el coro de gaiteiros y pandereteiros de Rianxo. Momento emocionante que humedeció las pupilas de los sanabreses al sentirse anfitriones y custodios de tan singular Señora, que como siempre, morena y discreta, se mostraba hermosa y radiante.
Mas de cuatrocientas personas acompañaron a la Virgen a lo largo de su recorrido procesional por las calles de Requejo, entre las que participaron además del alcalde, Santiago Cerviño, Elvira Fernández de Barrio, jefa del Servicio de Cultura de la Junta de Castilla, Marísa Resua, teniente alcalde de Rianxo, Carmen Alba Anselmo, presidente de la Asociación de Damas y Antonio Ramiro Chico, presidente de la Real Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe, además de otras autoridades civiles y militares sanabresas.
Hacia la mitad del recorrido, sobre un altar de flores, la imagen de la Virgen se detuvo, flanqueada por Caballeros y Damas, momento en que se entonó una Salve. Posteriormente cuatro Caballeros, vestidos con sus insignias, les cupo el honor de llevar sobre sus hombros la imagen de Nuestra Señora hasta su ermita, donde quedo entronizada y la representación de Guadalupe le cantó el Augusta Reina, en cuyas bóvedas sonó magistralmente, lo que arrancó el aplauso de todos.
Fray José Arenas, en su breve alocución de despedida en la misma ermita, dijo que era singular este encuentro entre pueblos distintos, cuando ahora estamos viendo como cada cual reivindica lo suyo, Santa María de Guadalupe, ha conseguido que todos nosotros compartamos esta misma devoción.
Antonio Ramiro, agradeció esta invitación y encuentro entre sanabreses, rianxeiros y guadalupenses e hizo entrega de un pergamino al alcalde, como señal de hermanamiento ante nuestra Patrona.
Carmen Alba, hizo entrega de una imagen de la Virgen al presidente de la Asociación Cultural Virgen de Guadalupe, Victoriano Sanpedro, para que sigan trabajando por Ella y extienda su devoción como hasta ahora lo han hecho.
Pauli Torrejón, ofreció al alcalde, Santiago Cerviño, una hermosa caldereta de cobre, con la inscripción de ambas Asociaciones , obra y obsequio del maestro artesano Manuel Torrejón Collado.
Posteriormente, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, prosiguió con una comida de hermandad junto al río Requejo, en plena campiña, bajo el toldo traslucido de una hermosa carpa, en la que más de cuatrocientas personas degustaron pulpo a feira de entrante y carne de ternera al caldeiro.
Finalizó este hermanamiento y encuentro con el sonido de las gaitas, al que se unió las voces de los comensales, cuando interpretaron la Rianxeira.

Guadalupe, 5 de julio de 2005.

servido por caballerosdeguadalupe 1 comentario compártelo

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andres

andres dijo

tu lo cres si o no

2 Abril 2009 | 02:23 AM

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Tu eres nuestra gloria, Tu eres nuestra alegría y el honor de todo fiel Caballero. Totus tuus Hispaniarum Regina.

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