LA VIRGEN DE GUADALUPE EN ROMA
Antonio Ramiro Chico
Uno de los actos más destacados del I Centenario de la declaración canónica de Santa María de Guadalupe, como Patrona principal de toda Extremadura (1907-2007) ha sido sin lugar a dudas, la magna Peregrinación Interdiocesana a Roma del pasado 28 de mayo, promovida por las Asociaciones de Caballeros y Damas de Santa María de Guadalupe.
Con más de un año de antelación, ambas Asociaciones aprobaron y encargaron al escultor extremeño de Malpartida de Plasencia, Juan Miguel Olivas Mateos, la confección de una talla de la Virgen de Guadalupe, realizada en madera de nogal y a tamaño natural, con el fin de regalársela a Su Santidad Benedicto XVI, como gesto de generosidad por todo lo que ha significado la Virgen de Guadalupe para Extremadura, España y América.
Peregrinación Interdiocesana
Días antes de iniciar nuestra peregrinación, la magnífica talla estuvo expuesta en el Auditorium o Iglesia de la Santísima Trinidad, donde recibió la visita constante y entrañable de sus hijos guadalupenses: abuelos, padres, niños desfilaron ante Ella con veneración y amor filial, así como otros muchos devotos llegados desde los pueblos limítrofes, que quisieron guardar también para siempre en su retina ese trozo de su propio ser y de su propia existencia.
De nuevo, María, se hacia camino para iluminarnos en nuestro peregrinar, en esta ocasión, hasta la silla de Pedro. Ella fue la primera que partió hasta Barajas, magníficamente embalada y custodiada por Pedro Horcajo y su esposa Vicenta, quienes la trasportaron en su propio vehículo.
Tras sus huellas, unas mil personas, en su mayoría extremeños y de otras regiones de España, seguimos su estela llenos de gozo y de fe, sabedores de que portábamos a la Madre de los creyentes, con el único fin de reencontrarnos con Él, su amado Hijo.
El día 28 fue un continúo peregrinar, subida y bajada de autobuses, facturación y recogida de maletas en los aeropuertos, traslados a los respectivos hoteles de cada una de las delegaciones, todo un complejo dispositivo, magníficamente organizado por Viajes Halcón, su director Manuel Hernández, Noelia y demás equipo con sus respectivos guías, que durante ocho días pasearon el nombre más universal de María, Guadalupe, por una gran parte de Italia.
Recepción Embajada de España
Los actos oficiales, comenzaron el día 29 de mayo, a las diez y media de la mañana, con la recepción por parte del Embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, a una delegación formada por 35 personas de la Peregrinación de la Virgen de Guadalupe, encabezada por Antonio Cañizares Llovera, cardenal arzobispo de Toledo, primado de España, los obispos extremeños, la Comunidad Franciscana, representada por fray José Arenas, Casilda Gutiérrez, consejera de Presidencia de la Junta de Extremadura, Antonio Ventura Díaz, director de la Fundación Academia Europea de Yuste, Joaquín Vázquez, Caballero de Honor y miembros de las Juntas de Gobierno de las Asociaciones de Caballeros, Damas de Santa María de Guadalupe y Asociación A Moreniña de Rianxo, que gracias a las gestiones de su alcalde, Pedro Piñeiro, alcanzamos esta distinguida deferencia.
Tras el saludo protocolario, en uno de los salones nobles de la embajada, Francisco Vázquez, dio la bienvenida a los visitantes y manifestó sentirse muy honrado con la presencia de esta delegación guadalupense, advocación tan querida por los extremeños, gallegos, canarios, andaluces, castellanos y tantos otros pueblos que la invocan como Patrona. Hoy, manifestó Vázquez, esta casa hace fiel honor a su nombre, ya que nunca antes había tenido una delegación, tan representativa de España.
Por su parte, Antonio Cañizares, agradeció esta calurosa acogida por todo lo que representa la Virgen de Guadalupe para Extremadura, que la tiene como Patrona y para España y América que la proclaman Reina de la Hispanidad.
Posteriormente, en nombre de la Real Asociación de Caballeros y Asociación de Damas de Santa María de Guadalupe, Antonio Ramiro entregó al embajador el libro Guadalupe: Siete siglos de fe y de cultura, en el que también aparece la devoción que los gallegos profesan a la Virgen de Guadalupe, en su imagen Rianxeira. Tras un pequeño refrigerio, la delegación visitó varias estancias de la Embajada de España.
A esta hora, la Peregrinación tenía programado una visita a los Museos Vaticanos, donde empezaron a tomar ese contacto con la Roma profunda, Civitas Domini (Ciudad de Dios), en primer lugar porque la espera mereció el primer sacrificio bajo una constante lluvia, hasta que después de una hora de guardar la habitual cola, pudieron acceder a una gran parte de los palacios construidos por los papas, donde el peregrino se encuentra con el verdadero espíritu cristiano, forjado con el heroísmo de San Pedro y San Pablo y de tantos otros mártires cristianos y artistas que han hecho de estos museos los más ricos del mundo, por sus tesoros de arqueología, escultura y pintura, cuyo carácter da a la ciudad ese halo de Ciudad Santa, sobre todo, cuando uno concluye el recorrido en la Capilla Sixtina y se deja aleccionar por los frescos del príncipe de las artes, Miguel Ángel.
Solemne Eucaristía
Ya por la tarde, la peregrinación se reanudó con uno de los platos fuertes del día, la celebración eucarística, programada a las 15’30, en la mismísima Basílica de San Pedro, relicario de los restos del Apóstol y de todos sus sucesores, donde los cristianos proclaman el CREDO de la fe católica. Mil peregrinos, desde seis meses: Miriam, hasta la abuela Emilia, de ochenta y cuatro años, acompañados de ocho prelados:
Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Toledo, quien presidió la Eucaristía, Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz, Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia, Ángel Rubio Castro y Carmelo Borobia Isasa, obispos auxiliares de Toledo, Ceferino Martín Calvarro, administrador diocesano de Coria-Cáceres y los extremeños, Ciriaco Benavente Mateos, Obispo de Albacete y Cipriano Calderón Polo, vicepresidente emérito de la Comisión Pontificia para América Latina, varios sacerdotes y autoridades dieron gracias a Dios por haberles
mostrado el rostro de su Madre, bajo la singular devoción de Santa María de Guadalupe.
Uno de los momentos más emocionantes de la celebración, fue cuando Inmaculada Tello cantó las Loas a Nuestra Señora de Guadalupe, las mismísimas columnas salomónicas del Baldaquino de Bernini giraron aún más sobre su propio eje, al escuchar esta preciosa alabanza en honor de la Madre de Dios.
Posteriormente, las distintas delegaciones de Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres, Plasencia, Toledo, Caballeros y Damas de Santa María de Guadalupe y la Asociación A Moreniña, de Rianxo continuaron disfrutando hasta el día 1 de junio del patrimonio que atesora la ciudad en historia, arte, cultura y religión, legítimamente llamada la primera ciudad museo del mundo, con su grandeza marmórea de los emperadores y la fastuosidad de los papas del Renacimiento, donde destacan sus plazas, foros, templos, termas, catacumbas, palacios, castillos, fuentes, iglesias y museos.
Procesión de Antorchas
Tras caer la luz del día, otro acto oficial, sorprendería a los mil peregrinos, que fueron concentrándose en el inicio de la Vía Conciliacione hacia las nueve y media de la noche. Era el primer acto público en el que la Imagen de la Virgen de Guadalupe, después de su llegada a Roma, aparecía bellamente exornada con flores y velas. La multitud se arremolinaba junto a Ella para rezarla y tocarla, mientras siete gaiteros templaban sus gaitas dándola la
bienvenida y su presidente Moncho, acompañado de varios Caballeros, no dudó en ponerse a la cabeza para organizar el solemne Rosario de Antorchas, que presidió monseñor Santiago García Aracil. El tráfico italiano se colapsó ante el paso de la Señora de Extremadura y la Reina de las Españas y los rezos y
cantos inundaron toda la Via Conciliacione, mientras que el cielo encapotado parecía emocionarse dejando caer suaves gotas, que en el manto de Nuestra Señora parecían lagrimas que resbalaban sobre su fina y tersa hechura.
Noche inolvidable para muchos, sobre todo cuando llegó la comitiva a la Plaza de San Pedro, la majestuosidad del pórtico de su iglesia parecía alargarse en la oscuridad de la noche para
recibirnos con sus brazos abiertos de una forma maternal, que nos confortó y reafirmó en nuestra fe católica. También en nuestros rezos y cantos estuvo presente Su Santidad Benedicto XVI, cuya presencia se dejaba sentir sobre todo el recinto porticado, centro de la Iglesia universal.
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