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La Coctelera

Caballeros de Guadalupe

3 Enero 2008

LA VIRGEN DE GUADALUPE DE SALVADOR DALI

Una desconocida pintura de un gran pintor.

Javier Morales Vallejo,

Doctor en Historia

Profesor de Iconografía Cristiana en la Facultad de Teología de San Dámaso. Madrid.

Salvador Dalí (1904 - 1989) es uno de los grandes pintores españoles del siglo XX, desgraciadamente olvidado y en gran parte desconocido en España.De enorme fama en Europa y, sobre todo, en los Estados Unidos, su obra ocupa un destacado lugar de honor en los mejores Museos y colecciones privadas de ambos continentes. Tanto fué así que, con motivo de su primera Exposición norteamericana en l932, se constituyó la Fundación Zodiaco para comprar regularmente su obra, gran parte de la cual se halla depositada en el Museo Salvador Dalí de la ciudad de San Petersburgo en el Estado de Florida. De enorme cultura y notable escritor, su nombre está unido al movimiento surrealista internacional del que es, seguramente, su mejor exponente. Su método "paranoico-crítico" responde a la estructura de su personalidad, proporcionándole una inagotable capacidad creativa. Sus fantasías y su personalidad histriónica le hicieron famoso en todo el mundo.

Pero es menos conocida, al menos en España, su vertiente filosófica y su gran capacidad de síntesis y análisis de las grandes ideas y sentimientos religiosos, para llevarlos a la pintura de gran formato con el espléndido dibujo y la maestría en el uso del color que le caracteriza. Profundamente español en su formación pictórica (Velásquez, Zurbarán) y profundamente clásico en su inspiración (Rafael, Miguel Ángel), Dalí estuvo especialmente dotado para la pintura religiosa por sus convicciones y sentimientos profundos y por su devoción a la cultura milenariamente religiosa de España. Aunque su apariencia, su pintura de análisis freudiano y su congénico histrionismo le hicieran apasionadamente contradictorio.

Salvador Dalí escribe su Manifiesto Místico en 1951 en el que expone sus ideas sobre la pintura religiosa y sobre la necesidad de recuperar la visualización de la fuerza profunda y trascendente del hecho religioso, unido a una inseparable meditación pictórica sobre la explosión atómica y evolución de la física nuclear como deslumbrante manifestación de la insondable capacidad expresiva de la creación. Se inaugura así la producción magistral de obra religiosa en gran formato que maravilló a la sociedad y le encumbró definitivamente a la fama revalorizando su obra y dotándola de una profundidad universal de la que hasta entonces carecía. A ésta nueva etapa pertenece la grandiosa VIRGEN DE GUADALUPE (200x130 cms., colección particular, 1959), pintura homenaje a un símbolo imperecedero de la religiosidad popular e histórica española. Esta pintura hay que ponerla en serie con las grandes producciones de Dalí en esta época: La MADONNA DE PORT LLIGART (144x96, Minami Group, Tokio, 1950), MARIA ASSUMPTA (230x144, Col. John Theodoracopoulos, 1952), ASUNCION DE MARÍA (155x123, col. part. 1958), el gradioso CRISTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ (205x116, Glasgow Art Gallery, 1951), CRISTO HIPERCÚBICO (195x124, Metropolitan Museum, N.Y., 1954)) una de sus màs espectaculares composiciones, ULTIMA CENA (167x268, National Gallery, Wash.,1955), EXPLOSION DE FE EN SAN PEDRO DEL VATICANO (225x163, Fundación Gala-S. Dalí, Figueras, 1959) ó las grandiosas pinturas del DESCUBRIMIENTO DE AMERICA POR CRISTOBAL COLON (41OX284, Salvador Dalí Museum, San Petersburgo, Florida, USA, 1958) y SANTIAGO EL GRANDE, PATRÓN DE ESPAÑA ( 400x300, Beaverbrook Art Gallery, New Brunswick, USA, 1957). Sin mencionar sus innumerables ángeles, pietás, santos en fervores místicos (tuvo especial predilección por María Magdalena), rosas místicas marianas, etc. Pintura religiosa sin esconder su verdad, dotada de gran exactitud teológica y una innegable piedad, diseñadas con grandiosidad luminosa y superponiendo diversos planos y perspectivas pictóricas de lectura sorprendente y compleja como es habitual en Salvador Dalí.

La VIRGEN DE GUADALUPE que ahora nos ocupa, reúne las grandes calidades pictóricas de Dalí. De composición muy elaborada, entiendo que su lectura debe comenzar desde la base de la pintura: Un extenso paisaje rojizo, levemente ondulado y que termina en unas lejanas e inalcanzables montañas. Es la Tierra en cuyo centro se yergue el símbolo gótico mariano por excelencia: un jarrón de cristal transparente y luminoso, maravillosamente pintado, símbolo de la Encarnación de la Divinidad en el seno virginal de María. De Ella surge la flor, símbolo de Jesús. Es una flor de jazmín con cuatro pétalos alrededor de la cual se arremolinan las nubes sosteniendo todo el resto de la composición vertical: Jarrón y Flor que constituyen la unión del Cielo con la Tierra. Todo el resto de la composición está al servicio del circulo superior representando a María que sostiene y muestra a Jesús , desvelando con su realismo pictórico los símbolos marianos representados en la vertical del Jarrón de cristal del que surge la Flor, situados en la base a partir de la cual se desarrolla la pintura.

El cuerpo de María ocupa el gran espacio vertical. Es luminoso y transparente, acogido al gran manto de dibujo y textura típico y tradicional de la Virgen de Guadalupe tal y como se la venera en su Santuario. Siguiendo las pautas habituales de Dalí, en el cuerpo de María se representan diversos motivos distintos pero todos conformando una unidad expresiva al servicio de la representación del cuerpo angélico de María: Es un cuerpo formado por cuatro hileras de ángeles que con sus lanzas y sus sombras dibujan la túnica transparente de María de suaves colores azulados y dorados. A los pies de María, que aparecen levemente dibujados apoyados sobre las nubes, el propio Salvador Dalí se representa simétricamente dos veces arrodillado en profunda oración, a derecha e izquierda, envuelto en una túnica de tela cuyos complicados plegados tanto recuerdan a los de Zurbarán. Dos coronas de rosas ingrávidas rodean el cuerpo de María con su símbolo inequívoco.


Finalmente el gran circulo superior es un gran sol resplandeciente que se convierte en una esfera de hexágonos dorados, símbolo antiguo de la Iglesia, sobre la que brillan diminutas perlas formando la silueta de una corona con la cruz en su cima. Es una esfera con los bordes ligeramente distorsionados, como una esfera de cristal que necesitara corrección óptica, un recurso habitual en Dalí. Es una Virgen coronada con Jesús en sus brazos, ambos de inspiración rafaelesca, María y el Niño son de tez oscura que recuerda a la imagen venerada en el Santuario de Guadalupe. En definitiva, una gran pintura que encierra claves interpretativas de hondo sabor mariano y de una gran verdad religiosa. Un homenaje a María Madre de Jesús en una de sus más bellas advocaciones.

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